No tengo un supermercado cerca de casa… ¿entonces no como?

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¡Cuidado!, este podría ser nuestro concepto por el cual no asistir a una iglesia sana.

¿Cuántos kilómetros caminaríamos para conseguir la comida necesaria para vivir?

Sabemos que ninguna persona, porque no tuviera un supermercado en la esquina de su casa, se expondría a padecer hambre, ¿verdad?

Si en la población donde vivimos no hay una tienda o negocio de alimentos… ¿Sería justificable para nosotros viajar una hora en colectivo, manejar un auto, o incluso caminar para llegar a la proveeduría? La respuesta natural sería: -Desde luego que sí, nadie padecería hambre por no viajar unos kilómetros en busca de alimento, pudiéndolo hacer.

Hoy en día,  escasean las iglesias en donde se dé un alimento sólido de la Palabra. Muchos nos escriben por Internet diciendo: –No encontramos una iglesia sana en nuestro pueblo/ciudad donde se predique la Palabra de Dios pura. Abundan sí lugares de “comidas rápida” (un evangelio superficial), o directamente de “comida chatarra” (donde lo que se recibe en esa iglesia es netamente perjudicial para la vida espiritual, pues son palabras de hombres).

Los creyentes de zonas rurales de la antigüedad, muchas veces tenían que recorrer grandes distancias para congregarse, aún ante inclemencias del tiempo y caminos escarpados.

Pero nuestra vida moderna llena de negocios y comercios a nuestra alrededor que nos “hacen la vida más fácil”, nos acostumbra muchas veces a la idea de lo automático y a la ley del “mínimo esfuerzo” (si no queda cerca ni vale la pena).

Muchas personas, y aún familias, conocen iglesias buenas y sanas, pero no se congregan en las mismas por el simple hecho de que les queda lejos, o como solemos decir: a la distancia de dos colectivos.

Muchos piensan que viajar una hora y media, es una pérdida de tiempo no justificable como para concurrir a una iglesia sana.

Si lo trasladamos al plano material, y lo aplicamos a las necesidades corporales, ¿acaso haríamos esto? Sin duda, cuando el estómago nos comenzara a hacer ruido de hambre, no importaría la distancia a recorrer para ir a determinado supermercado.

¿Cómo debe suceder esto en la vida espiritual de un verdadero creyente?

En 1ra Pedro 2:2  la Biblia nos dice “desead como niños recién nacidos,  la leche espiritual no adulterada”.

Un bebé no se conformaría con leche aguada, necesita leche pura para alimentarse y crecer sano. Si le damos leche adulterada con agua seguiría llorando, ya que no sería saciado.

De la misma forma los creyentes necesitamos ser pastoreados y alimentados, y por eso el plan de Dios es que las iglesias locales sean, entre otras cosas, el medio de fortalecimiento espiritual de los creyentes.

Sabemos que muchos hermanos en Argentina y otros lugares del mundo, hoy por hoy, no tienen una iglesia “sana doctrina” donde concurrir. Oramos por ellos, y confiamos que Dios levantará de a poco, testimonios fieles a su Palabra en lugares donde antes no los había.

Pero quizá, algunos no han sacado bien las cuentas, y si “hacen números”, podrían concurrir a una iglesia sana que sí conocen (a pesar de la distancia).

Bien valdría la pena viajar hasta dos horas un domingo para estar en contacto con hermanos en Cristo, adorar a Dios, ser edificados por la predicación de la Biblia, y hasta compartir la Cena del Señor. No son cosas secundarias.

Si quedara muy lejos la iglesia poder viajar al menos cada 15 días o un mes. Pero sería bueno intentarlo esforzándonos en la gracia del Señor.

Tener una iglesia sana donde congregarse, tiene que ser realmente un tesoro para nosotros. No prioricemos nuestras necesidades materiales por encima de las espirituales.

Haríamos grandes distancias para conseguir lo necesario para nuestro cuerpo.

¿No sería bueno que nos ocupáramos de nuestra alma igual o más de lo que nos ocupamos de nuestro cuerpo material? Que así sea.

Lucas 12:34  Porque donde está vuestro tesoro,  allí estará también vuestro corazón

 

Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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