La Regla Olvidada

Romanos 10:17 La fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios.

 

NUESTRO SIGLO XXI
Si tuviéramos que hacer una estadística entre el siglo XXI en el cual vivimos, y el siglo XVIII por ejemplo, respecto a: ¿En cual siglo se habló más de Jesús a la gente?
Sin duda, y en forma abrumadora las estadísticas se inclinan por nuestro siglo presente.
-Antes para llevar el mensaje de un continente a otro pasarían meses de viaje en barco.
-Hoy, solo unas cuantas horas de avión.
-Para enviar cartas de un lado al otro del mundo, pasarían semanas o meses.
-Hoy con un “click” en la computadora se envía por internet.
-Para que un predicador diera a conocer su ministerio, solo le era posible a través de un libro pudiera recopilar sus sermones. -Hoy se puede hacer vía satélite, por televisión y en vivo.
-Para que alguien se hiciera escuchar por los demás, tenía que ir a una plaza o lugar público para pararse en un lugar elevado y de allí predicar. -Hoy puede transmitirse un mensaje por radio en FM, AM, onda corta y por internet en forma simultánea en todo el mundo.

Sin duda el presente siglo XXI dispone de una serie de ventajas comunicacionales inigualables respecto a siglos pasados.
¿Pero que tal si cambiamos el ángulo de la pregunta? No hablemos acerca de que en cual siglo se hablaba más de Jesús, sino que llevemos esto a otra perspectiva. ¿En que siglo se predicaba más un evangelio Bíblico? ¿En que siglo se priorizaba más la Palabra de Dios en las predicaciones, por encima de la afectación emocional?

 

¿En que siglo se confiaba más en obra regeneradora del Espíritu Santo antes que en la “sicología” cristiana? O… ¿En qué siglo se predicaba más en contra del pecado, en contraposición a un carácter permisivo y pluralista? Creo que también tenemos respuesta a estos interrogantes. Vivimos en un siglo donde podemos decir que al haber mas libertad y medios para hablar de Cristo, tendría que haber mayor cantidad de “renacidos”.

 

Al hablar de “nuevos nacimientos”, tenemos muchos estadistas que dicen: América Latina cada vez es “más evangélica”. Toman un mapa, pintan de color las zonas de los países donde hay mayor concentración de “evangélicos” y dicen: ¡Que gran progreso! ¿Como se obtienen dichas estadísticas?

 

A veces, contando la cantidad de personas que han levantado la mano en una campaña, y han llenado un formulario de “recién convertido”. En el siglo XXI las estadísticas parecen importar mucho.Pero bajo un esquema Bíblico nos atravemos a preguntar: ¿Se percibe que estos “nuevos convertidos” sean sal de la tierra y luz del mundo? (Mateo 5:13, 14) ¿La fe de estos convertidos vino de oir la Palabra de Dios con todo lo que ello implica?

 

¿Que conocen estos nuevos convertidos acerca de Cristo y su obra en la cruz a la luz de los relatos de los evangelios? Si nos remontamos al siglo XVIII que fue un “despertar del iglesia” donde los nuevos convertidos cambiaban su vida de pecado por una vida que decía: “Santidad al Señor”. Esto, por supuesto, impactaba ciudades enteras que eran conmovidas por el mensaje del evangelio, y sus pobladores como verdaderos cristianos, cambiaban las bases de la sociedad en la que vivían.

 

Hoy en cambio el cristianismo es tan débil y tibio, que apenas se diferencia del mundo. Parecería que el mundo fue salado por una sal insípida y alumbrado por una luz demasiado tenue. Al parecer, la gente hoy mas que nunca está llena de fe, pero nos preguntamos: ¿Cual fe?.

 

LAS BASES DE LA VERDADERA FE
Mucho del discurso “evangelizador” del siglo XXI apela a una fe sin Biblia, y con eso destruye la fe verdadera. Por eso las iglesias independientes tienen que levantar su voz con un evangelio bíblico. No es que debamos vivir en el pasado, podemos desde luego utilizar todas las herramientas comunicacionales que nos ofrece este siglo. Pero en medio de todas estas ventajas, no olvidemos que la fe viene por el oír la Palabra de Dios.

 

Debemos recordarle al mundo, que la fe no es algo que nazca expontáneamente en el corazón de los hombres, como crece el cesped en el jardín. Hay un “autor de la fe” (Hebreos 12:2) que es el Señor Jesucristo. Y la regla es: La fe viene por el oir, y el oir por la Palabra de Dios. La fe es externa al hombre, y se hace propia cuando la Palabra de Dios, el evangelio de salvación le es predicado.

 

Mucha gente sigue pensando erradamente que la fe es algo que pueden fabricar ellos en forma emocional. Muchas predicaciones pueden ser muy sentimentales y afectadas emocionalmente, pero eso no provoca la verdadera fe.

 

La fe que viene de la Palabra de Dios, tiene dos características: 1) Alguien tiene que escuchar el mensaje del evangelio por medio de la Biblia y entender el contenido principal del evangelio: La condición de pecador, la necesidad de un salvador en la persona y obra de Cristo en la cruz etc. Tiene que haber un exposición clara de todas las verdades del evangelio.2) Al entender el mensaje, el Espíritu Santo da la fe al pecador para creer en Cristo (Juan 14:26). Oir, entender y tener fe, es un acto simultáneo que provoca el mismo Espíritu Santo, cuando la infalible y autoritativa Palabra de Dios es predicada. Él es el que abre el corazón del pecador para estar atento al mensaje (Hechos 16:14).

 

La verdadera fe no puede venir de otra forma que no sea de la predicación de la Palabra de Dios.
Si analizamos el contenido Bíblico de muchas predicaciones actuales es como cuando el Señor Jesucristo buscaba higos en una planta que solo dio hojas (Mateo 21:19). De la misma maneta, el fruto de la fe por el oir la Palabra, lamentablemente brilla por su ausencia en muchas ocasiones.

 

¿QUIEN IRÁ A PREDICAR?(Isaías 6:8)
La pregunta del Señor para la iglesia del siglo XXI no es: ¿Quién irá a predicar?
sino: ¡Quién irá a predicar un evangelio Bíblico! ¡Cuanto temor hay en dicerle a la gente su condición de pecadores hoy en día! El mensaje de Juan el bautista era: “arrepentíos que el reino de Dios se ha acercado”.
Sabemos que la gente lo último que quiere oír es que es pecadora, pues de otra manera se ofende. Por eso hoy, muchos presentan un mensaje halagador al oído, condescendiente con la persona, levanta la autoestima, y pone a Dios al servicio de las necesidades del pueblo. La cruz es escándalo a la predicación de este siglo (Gálata 5:11 b.). Si bien no se dice con estas palabras, pero el contenido es muy parecido:
EL que quiera aceptar un evangelio sin cruz pase al frente o levante su mano (es el slogan de hoy).
Presentar al “genio de los deseos” al frotar la lámpara mágica, no va muy lejos de la forma en que se presenta hoy un Cristo: donde “todos tus problemas serán resueltos”. ¿Quien podría rechazar esta oferta? Un evangelio sin cruz y una fe si Biblia, es la nueva religión.

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Ante este panorama de hipocresía religiosa, es necesario presentarnos delante del Señor y clamar: ¡Envíame a mí Señor, pero con un evangelio bíblico! La segunda venida del Señor está cerca, y la prengunta es: ¿Hallará fe en la tierra? (Lucas 18:8) Siempre me he preguntado porqué este texto tiene íntima relación con el fin del mundo y la venida de Cristo.
Quizá para entonces el mundo esté lleno de fe… ¿Pero será de aquella fe que viene por el oir la Palabra de Dios? Gracias a Dios quedan iglesias y creyentes que no se han olvidado de esta regla básica acerca de la relación Fe-Biblia. Todos los que han venido obrando de este modo, que el Señor les ayude a seguir perseverando en una predicación Bíblica (aunque sea el camino mas difícil de andar).
Pero querido hermano, si has dudado acerca de cual método es el conveniente para predicar hoy día, si buscas recetas magistrales de igle-crecimiento, o la preocupación pasa mas por las formas eclesiales que por el contenido del mensaje a transmitir: Te invito a recordar la principal regla para predicar el evangelio.

 

LA FE VIENE POR EL OIR; Y EL OIR POR LA PALABRA DE DIOS.

 

Que el centro de tu vida personal, familia y ministerio, sea Su bendita Palabra. Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.(Isaías 55:11)

 

Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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