Decisionismo Vs. Fe

orandoDe cara al tercer milenio, el último tiempo de la iglesia, donde el antiguo evangelio ha sido sustituido por discursos humanistas, y la obra regeneradora del Espíritu Santo es suplantada por la autosuperación: es necesario recordarle al mundo mal llamado “cristiano” cuales son las bases Escriturales que sustentan la doctrina de la salvación. 

La ciencia de la salvación o soteriología es la piedra basal, en la cual se apoyan las demás doctrinas.

Poco se afronta este estudio a conciencia en las iglesias, y pareciera que algunos institutos Bíblicos, donde han tenido tradicionalmente una postura podemos decir “calvinista” (o no Arminiana) simplemente dan por sentando que por tradición tienen una sana doctrina, pero luego los púlpitos  se mimetizan con la corriente humanista de este tiempo, dando como resultado que lo que debería ser “leche espiritual no adulterada” (1ra Pedro 2:2)  ahora es una mezcla diluida en dos, tres, cuatro y hasta cinco partes de agua.

 Considerar esto nos es poner en juego posiciones teológicas por el simple hecho de rivalizar, sino que lo que está en juego es la predicación verdadera del evangelio.Cada predicador del evangelio, tiene que reconsiderar si sus bases no están diluidas poco o mucho, por el discurso humanista de hoy, que es tan pegajoso, que no nos damos cuenta que muchas veces usamos sus formas y estereotipos.

Levante su mano, pase al frente, repita la oración de fe, puede que deslumbre los ojos resultaristas, pero no siempre conlleva a un arrepentimiento y fe, para ser renacido en Cristo.

El eje del falso evangelio es hoy “el hombre”. 

¡El hombre “acepta a Cristo”  el hombre es el que decide!

El antiguo evangelio de la soberana gracia de Dios[1] nos recuerda la incapacidad del hombre para salvarse y su depravación total, la elección soberana de Dios en el escogimiento, su expiación por medio de su sangre por los salvados, su gracia irresistible con la cual llama a cada hombre para salvación, y la perseverancia del creyente por obra del Espíritu Santo.

Si buscamos en cada predicación de los apóstoles y evangelistas del Nuevo Testamento, nos encontramos con dos grandes palabras: 

Arrepentimiento y fe.Tenemos en el ejemplo de la primer predicación general de la iglesia primitiva, donde Pedro le dice a la multitud “arrepentíos”  (Hechos 3:19) pero no les dice “acepten a Cristo”.

¿Pero predicar el evangelio no es pedir que la persona acepte a Cristo?

No se encuentra una sola predicación del Nuevo Testamento que se exhorte al alma con estas palabras.

Esto no hay que tomarlo como un juego de palabras o una cuestión semántica, sino que hay que ver, la falsa doctrina que se esconde detrás del decisionismo, donde el énfasis pasa por una presión sicológica insistente y reiterativa a “aceptar”, antes que por la exposición del evangelio que invita a “creer”.

Luego la fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17)

La fe para creer en Cristo solo viene de Dios y su Palabra.

Creo que debemos encausar para la gloria de Dios, nuestras predicaciones habladas o escritas, bajo este punto de vista, si queremos ser fieles.

Aquí no hay nada nuevo (de hecho lo nuevo es peligroso) sino que es un llamado a retener el antiguo evangelio que como el mismo Dios no tiene “sombra de variación” alguna (Santiago 1:17)

Sabemos que hay que confrontar a las almas con la Palabra.

Pero solo tengamos cuidado de recordar que el llamado es al arrepentimiento de pecados y a la fe en la persona y obra de Cristo.

[1] Estos puntos son conocidos también como los cinco puntos del calvinismo.

Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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