¿Oraciones a Dios en el mundial de fúbol?

orando-a-dios-300x187Me pregunto en qué consistirá las oraciones a Dios de aquellos jugadores “cristianos” que quieren invocar a un Dios soberano, santo, amoroso y justo que habita en luz inaccesible (1ra Timoteo 6:16) queriéndolo hacer que tome parte en medio de la rivalidad de países por un juego de pelota.

Es preocupante que en el cristianismo actual se vea esto como algo natural, noble y bueno, sin reparar que se quebranta el tercer mandamiento: “No tomarás el nombre de Dios en vano” (Éxodo 20:7).

Vemos en las Escrituras, que Dios se revela en su majestad, en su trono alto y sublime  rodeado de serafines que cubrían sus rostros proclamándolo tres veces santo
(Isaías 6:1-3).

En el Nuevo Testamento se nos insta a orar en el nombre sobre todo nombre, el nombre de Jesús, (Juan 16:24) y que toda oración debe ser hecha en la voluntad de Dios.

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. (1Juan 5:14 )

Nos preguntamos: ¿Quién es glorificado en el fútbol? ¿Acaso no es el hombre y su equipo?

No hay otro deporte sobre la tierra que quebrante el día del Señor como el fútbol, alejando a millones de la casa de Dios y del contacto con el evangelio.

Es inmoral que un jugador gane en un mes lo que a un trabajador normal le cuesta una vida. Pero el mundo premia por sobre todas las cosas su propia pasión.

Las transferencia millonarias de jugadores convierte a este deporte en una de las principales industrias del planeta cuyo fin es servir a Mamón (Mateo 6:24).

¿Cuanta violencia en las tribunas cobra vidas cada año por esta “pasión”? ¿Cuántos enfrentamientos con la policía y entre grupos oscurecen las ciudades de los equipos locales cada semana?

¡Ah dirá alguno, es un grupo de inadaptados que no son representativos de fútbol!

Pero lo cierto es que si hay rivales, habrá rivalidades.

A pesar de esto se invoca el nombre de Dios para algo que es pura vanidad.

Un pobre razonamiento de las Escrituras llevan a algunos a justificar esto bajo la citación de:

Si, pues, coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios. (1Corintios 10:31 )

Sería largo explicar el contexto, pero el pasaje citado era una cuestión de la carne que se compraba en las carnicerías de aquella época, que a veces provenía de lo sacrificado a los ídolos, y el tema principal era un “problema de conciencia” que se generaba en aquellos que  la comían: no es un texto que se pueda traer como excusa para que Dios deba ser glorificado por cualquier medio y a cualquier precio.

…Para que en todas cosas sea Dios glorificado por Jesucristo, al cual es gloria e imperio para siempre jamás. Amén. (1Pe 4:11 ).

La única forma que un cristiano glorifica a Dios es a través de Cristo, en su sumisión, y siguiendo su ejemplo.

He oído que muchos cristianos oran para que su equipo gane, y que algunas iglesias han proyectado los partidos de su equipo nacional en el templo donde usualmente Dios es adorado y se predica su Palabra.

Lo más triste de este tiempo no es que el mundo tome el nombre de Dios en vano (siempre lo ha hecho), sino que sus hijos callen o alienten este tipo de práctica.

El fútbol es un juego, sólo eso, pero el sistema de este mundo lo ha entronizado en uno de sus ídolos.

¡Cuidado cristianos que no estemos protegiendo a un Baal con nuestra opinión y accionar!

Cristo nos ha dejado un modelo de oración que comienza así: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” y que termina así: “Tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”

Nuestras oraciones, tanto como los motivos que la motivan deben ser sublimes, para la gloria de Dios, de principio a fin.

No podemos envolver el nombre de Dios en las pasiones de los hombres y concluir que de alguna ” manera extraña” esto pueda redundar para su gloria.

No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios; porque Jehová no dará por inocente al que tomare en vano su nombre. (Deuteronomio 5:11).

 

 

Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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