Las “malas palabras”, el mal legado que dejó Fontanarrosa

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Mateo 12:36 Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.

Padre cristiano y madre cristiana ¿Que harías si sabes que a tu hijo lo obligan en la escuela a leer o escuchar malas palabras?
Este fue el caso de mi hija de 4to año de la secundaria, donde la maestra de “lengua castellana”  trajo el libro del humorista Roberto Fontanarrosa (fallecido), que relativiza las “malas palabras” alentando a que se usen en el vocabulario cotidiano.

Mi hija le planteó a la profesora que si traía o leía ese libro en clase, ella no podría estar presente, ya que eso va en contra de nuestros principios cristianos y de la Palabra de Dios. El caso fue que la profesora trajo el libro a clases y le pidió amablemente a mi hija que saliera del curso, cosa que hizo respetuosamente. Parte del personal de la escuela (que conoce que mi hija no tiene problemas de conducta), incluso la directora, le preguntan: ¿Qué haces aquí afuera? A lo que nuevamente tuvo la oportunidad de testificar acerca de su fe en Cristo. Como dice la Biblia , siendo “sal de la tierra” (Mateo 5:13) en este mundo en descomposición.

¿Cómo un humorista puede influir en el sistema educativo con “malas palabras”?

Todo comienza en el III Congreso de la Lengua Española, celebrado en Rosario en el 2004, donde el humorista gráfico Roberto Fontanarrosa, teniendo espacio para hablar dijo alegremente lo siguiente:

Este es un ámbito más que apropiado para plantearse ¿por qué son malas palabras? ¿Le pegan a las otras palabras? ¿Son de mala calidad, y cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿Quién las define como malas palabras?”

A este dicho, le sigue toda su explicación relativizadora de las malas palabras, nombrando diferentes malas palabras una por una, y haciendo nuevas bromas. Lo mas triste es que todo esto fue festejado en el Congreso de la Legua, los medios periodísticos e incluso está, 10 años después, en el portal web del Ministerio de Educación de la Nación (http://www.me.gov.ar/monitor/nro3/dossier3.htm)

Por supuesto, si esto es alentado por el Ministerio de Educación Argentina ¿Qué puede esperarse de los docentes y establecimientos educativos alineados?

Contestando a Fontanarrosa y los que apoyan la relativización de las malas palabras

Tres años después del Congreso de la Lengua muere Roberto Fontanarrosa, con esto no quiero decir “castigo de Dios”, pero tampoco escapa a su Soberanía.  Lo cierto es que nos ha quedado el “legado Fontanarrosa”. No me refiero en cuanto a sus dibujos o escritos (que pueden tener algún valor cultural para muchos), sino que me refiero al “legado relativizador de las malas palabras”. Los creyentes en Cristo y en la Biblia no podemos ni debemos relativizar las malas palabras.

Fontanarrosa dijo en el Congreso de la Lengua que no lanzaría ninguna teoría, sino que iba a hacer algunas preguntas (pero eso no fue verdad, ya que luego formuló sus propias teorías acerca de las malas palabras, es más el desarrollo de su conversación se basó en eso). Vamos a contestarlas bíblicamente, recordando a los profesores de castellano que según la constitución Argentina tenemos aun libertad de culto.

Fontanarrosa dijo: -La pregunta es por qué son malas las malas palabras, ¿quién las define?

Respuesta:  A pesar que la sociedad pueda creer o no en Dios, o en la Biblia, hay un principio moral donde las personas son muchas veces como dice Romanos 2:14 leyes a sí mismo: “aunque no tengan ley, ellos son ley á sí mismos“.  Si bien todo hombre es pecador, no obstante tienen una idea de lo que es malo y bueno, pero con inclinación a lo malo. Muchos padres que tiene un vocabulario sucio reprenden a sus hijos pequeños cuando dicen malas palabras. Muchos de ellos no creen en Dios y aun así proceden prohibiendo las malas palabras. La sociedad, como vemos, define las malas palabras, palabras específicas que dichas como agresión, burla o desprecio, se ganan la reputació de malas palabras. Para los cristianos, nuestro parámetro de conducta no es la sociedad, sino nuestro Dios. Dios es santo y nos insta en la Biblia a que nuestras conversaciones tienen que estar dentro de los límites de la santidad y la piedad 2Pedro 3:11. La respuesta a Fontanarrosa es que mas allá de la sociedad, Dios identifica todas aquellas palabras y conversaciones que no son de su agrado. Se puede herir con todo tipo de palabras, es verdad. Pero las malas palabras no son compatibles con un Dios santo, aunque bien sabemos que este es un mundo de maldad, y por otro lado la sociedad la identifica como malas.

Fontanarrosa dijo: –Ahora, yo digo, a veces nos preocupamos porque los jóvenes usan malas palabras. A mí eso no me preocupa, que mi hijo las diga. Lo que me preocuparía es que no tengan una capacidad de transmisión y de expresión, de grafismo al hablar.

Respuesta: Creo que a todos nos preocupa que las nuevas generaciones usen un vocabulario reducido. ¿Cómo se contrarresta este mal? Enseñando a las nuevas generaciones vocabulario,  pero vocabulario correcto. Las malas palabras no pueden suplir ni acompañar el déficit de vocabulario. Ni el déficit de vocabulario es una excusa para relativizar las malas palabras. Respecto a la educación de los hijos, los cristianos los criamos en la disciplina de Dios, y esto es un mandamiento bíblico (Efesios 6:4). No es posible que por las ideas de un humorista, el sistema educativo argentino se vea incitado a usar lenguaje vulgar en las aulas.

Fontanarrosa dijo: Lo que yo pido es que atendamos esta condición terapéutica de las malas palabras. Lo que pido es una amnistía para las malas palabras,

Respuesta: ¡Menos mal que Fontanarrosa no iba a teorizar! Directamente pide en términos jurídicos una “amnistía” para las malas palabras  (por supuesto como ironía). Nos damos cuenta que esto no fue una pregunta a las personas del Congreso de la Lengua española, ya que una pregunta espera respuestas. Pero sus ironías recibieron en respuesta carcajadas. La Biblia dice de toda o palabra ociosa que hablen los hombres van a dar cuenta delante de Dios. Las malas palabras entran dentro de esta categoría.

Fontanarrosa dijo: Yo soy fundamentalmente dibujante, manejo mal el color pero sé que cuantos más matices tenga, uno más se puede defender para expresar o transmitir algo.

Respuesta: Las malas palabras no son matices coloridos del buen lenguaje, por el contrario son la negras pinceladas que transforman las buenas en malas conversaciones.1 Corintios 15:33 No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. El Señor Jesucristo daba tremendo valor a las palabras, por eso dijo:

Mateo 5:22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

Lo que se mencionó no son malas palabras en sí, sino la intención con que se dijeron son malas, según el Señor. Ahora las malas palabras son en sí mismas “malas”. Hay un adjetivo calificador al lado del sustantivo.  Es verdad que muchas veces alguno la usará para bromear, pero dichas palabras serán en otros casos, usadas para herir, humillar y provocar peleas.

Conclusión:

Los cristianos evangélicos, que respetamos la Biblia amamos a Dios y queremos seguir las pisadas de Jesucristo debemos hacer oír nuestra voz. una voz bíblica que sea la sal de esta tierra. No podemos aceptar que en las aulas de la nación los mismo docentes usen lenguaje vulgar y que esto sea parte de su enseñanza.

Lucas 14:34 Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará?

Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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