El milagro de seguir a Jesús

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Mateo 9:9 Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y le dijo : Sígueme. Y se levantó, y lo siguió.

Marcos 1:17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.18 Y luego, dejadas sus redes, lo siguieron.

Al hablar de milagros hoy en día automáticamente se piensa en sanidades físicas. Oímos decir a mucha gente yo fui sano de esto o de aquello. Al hacer tarea de evangelización y charlar con personas siempre le pregunto acerca de su relación con Dios. Me encuentro con personas que basan su relación con Dios en una conexión física de sanidad ya sea propia o de un familiar. Siempre trato de focalizar qué conocen de Cristo, pero para sorpresa mía, las personas confiesan que no están en una buena relación con Dios (a pesar de la supuestas sanidades que recibieron). Me encontré con casos de adulterio, de drogadicción, alcolismo, de violencia doméstica y un sin fin de pecados. Cuando les digo a estas personas que “recibieron milagros” pero viven en pecado… “Entonces no conocés el principal de los milagros” Quedan desconcertados, preguntando ¿Cuál milagro? De eso quiero hablarte ahora.

EL MILAGRO DEL LLAMADO DE JESÚS
Al leer la Biblia, muchos de nosotros se asombra ante las historias de la curación de un ciego, un paralítico o un sordo. Pero hay otros milagros que no nos percatamos. ¿Qué persona teniendo una mesa llena de dinero y un trabajo seguro lo dejaría todo para seguir a un desconocido? Este fue el apóstol Mateo. ¿Qué personas dejarían el oficio de su vida dejando sus redes y sus barcos a la orilla del mar para seguir a un desconocido? Estos fueron los apóstoles Pedro, Juan y Jacobo. ¿Acaso era el llamado de una persona cualquiera, de una gran personalidad, de un religioso? No, era el llamado de nada menos que del hijo de Dios, Jesucristo. Vemos en ese llamado eficaz más que palabras; vemos una obra sobrenatural del Espíritu de Dios, un milagro que cautiva el corazón y lo hace seguir a Jesús hasta el fin de sus vidas.

 

¿SON FRECUENTES Y COMUNES LOS MILAGROS?
Algo que sería común y natural, no sería un milagro. Encontrar oro en las calles, haría que el oro perdiera su valor.  Es común ver gente que cree en Dios, pero no es común ver gente que sigue a Cristo tomando su cruz. Pero déjame decirte que esos milagros existen y no siempre son notorios a nuestros ojos. Hay milagros donde un hombre, jefe de familia, es cristiano y se esfuerza por el bienestar espiritual de su familia. Procura que sus hijos aprendan la Palabra de Dios, y les inculca valores que van más allá de este mundo, un hombre que toma el liderazgo espiritual de su hogar para la gloria de Dios (Josué 24:15). Es un  milagro ver aquella mujer cristiana que sigue adelante a pesar de tener su esposo incrédulo, pero cree en las promesas del Señor que el marido incrédulo es santificado en la mujer creyente (1Corintios 7:14) y sus hijos son santos. Milagro, es aquél policía cristiano que presionado por el sistema de corrupción nunca cede al soborno, sino que mantiene su testimonio puro (Proverbios 15:27). Otro milagro es aquel jovencito cuyos amigos promiscuos y acostumbrados a la fornicación… se ríen de su virginidad, sin embargo él se mantiene puro (1 Timoteo 4:12). Milagro, es aquel empleado de negocio que nunca se quedó con nada de lo que es suyo (Tito 2:10). Milagro, es aquella familia que cancela su día de esparcimiento para ir el domingo a adorar a Dios junto a su pueblo (Salmos 122:1).

 

EN QUÉ CONSISTE EL MILAGRO
Te preguntarás ¿Por qué estas personas hacen lo correcto? ¿Qué los motiva? La respuesta no está en cosas externas que ellos podrían recibir. Se debe a que ellos han tenido un cambio de corazón. Cuando Jesús te llama te da un corazón dócil para seguirlo. Ezequiel 36:26 dice: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros“. El milagro consiste en que este corazón nuevo está hecho para seguir a Jesús. Muchas personas se lamentan que no pueden seguir a Jesús y se van tristes siguiendo su vida terrenal, ya que ven en Jesús una demanda tan grande que no pueden cumplir. Pero no se dan cuenta que el problema no es simplemente una cuestión de buena voluntad… de juntar fuerzas, o provocarse alguna especie de entusiasmo espiritual artificial, sino que el problema es que no tienen un corazón arrepentido. Y no se puede seguir a Jesús con un corazón de piedra.

Muchas veces las personas, asombradas, me dicen: ¡Mira que raro como esta persona que parecía cristiano dejó el camino del Señor! ¡Mira que raro como fracasó este matrimonio cristiano que se llevaba tan bien! ¡Mira que raro este creyente de años que ahora se vuelca al mundanalismo! 

Yo respondo: No veo nada de raro en ello, eso pasa todo el tiempo. Raro es que hoy siga alguien a Jesús sin importar el costo… hasta el fin. ¡Eso es un milagro de su gracia!

 

 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros,
dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas (1Pedro 2:21)
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Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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