El cambiar continuamente de iglesia: ¿Qué nos dice de la persona?

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BUENAS Y MALAS RAZONES

Puede haber dos posibles razones para cambiar de iglesia, una buena y otra mala. La buena es cuando un alma busca “la semilla de la Palabra” (Lucas 8:11) y necesita otra iglesia porque en la suya se ha dejado de centrar en Cristo y el evangelio (y ha fracaso en el intento de corregirla por largo tiempo). En tal caso, es bueno buscar hasta encontrar una iglesia centrada en la Biblia, donde lo que se siembre sea en verdad la semilla de la Palabra de Dios. Lamentablemente hoy hay muchas iglesias evangélicas que, paradójicamente, han dejado de lado el mismo evangelio al no predicar a Cristo crucificado y resucitado (caso del falso evangelio de la prosperidad que pone los bienes materiales por encima de los espirituales, es decir, la salvación del alma). Desde luego que si ya no está más la semilla del evangelio en esos “sembradores”, lo mejor es ir a otro lado. Estas decisiones no deben ser tomadas a la ligera, sino en oración, con temor de Dios y a la luz de su Palabra.

Pero existe una forma mala de cambiar de iglesia. Y es cuando la persona en verdad recibe Palabra de Dios en las iglesias que ha estado, (al menos podemos decir que es el evangelio lo que se predicaba), pero nunca se queda en ninguna porque al parecer “su vida no produce el fruto que ellos mismos esperan”. Siempre están “creciendo y secándose” pero nunca llegan a dar realmente frutos.

Estas personas no se dan cuenta de la realidad de la parábola del sembrador en Lucas 8: 4-15. Creen que cambiar de sembrador harán de ellos un buen terreno. Nunca ven el problema en sí mismos (aunque de vez en cuando lo reconozcan) sino en los demás. Nunca hay hermanos o pastores lo suficientemente perfectos para que estas personas puedan afianzarse en una iglesia determinada y así compartir su vida con otros.

CUANDO EL PROBLEMA ES EL TERRENO Y NO LA SEMILLA

Compararía a estas personas que no perseveran, a aquel “terreno de las piedras” donde la semilla cae, brota rápidamente… pero justo cuando se espera un fruto, ¡la planta se seca! No resisten los desafío de la vida cristiana porque no tienen raíz (V.13). Es así que “el terreno de piedra” se va mudando de una iglesia a otra pensando que el problema son los sembradores y no el terreno. De esta manera se inicia un proceso de “brotar y secarse” recorriendo diversas iglesias. Este proceso puede llevar incluso toda la vida.

La parábola del sembrador no se limita solo a un instante de tiempo. Son terrenos que ejemplifican el corazón, y dichos terrenos pueden ser sembrados muchas veces produciendo malos o buenos resultados (todo depende del tipo de terreno). La buena tierra sabemos que produce frutos (V.8).

CÓMO TRATAR CON ESTAS PERSONAS

No nos conformemos con que la planta crezca, debemos examinar si da fruto. No nos impresionemos con su forma de manejar charlas espirituales, usar terminología bíblica, o su aparente piedad ya que esta no dura hasta que salga el sol de los problemas y la persecución. Hay que hacerles ver que los creyentes genuinos dan “fruto en paciencia” (V.15). Debemos descubrir el verdadero motivo detrás de sus palabras. Si sus argumentos de mudarse de iglesia no son motivos bíblicos claros en conexión con el evangelio, están solamente utilizando su salida de pretexto para seguir en ciertos pecados. La impaciencia de estas personas (de nunca arraigarse en una iglesia local e ir de una a otra) puede ser indicio de plantas sin raíz. Señalémosle a estas personas que el problema no es el sembrador ni la semilla… sino el terreno pedregoso de sus corazones. Necesitan ser transformados en buena tierra para que la semilla implantada dé fruto a su tiempo.

Lucas 8:15 Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto
retienen la palabra oída,
y llevan fruto con paciencia.

Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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