Cuando no queremos ver el estado espiritual de nuestros hijos…

MUERTOS ESPIRITUALMENTE

¿Eres una madre o padre cristiano verdadero? Déjame decirte que tu hijo/a nació muerto. Desde el día que fue concebido y luego vio la luz del mundo estaba muerto espiritualmente. -¿No estarás exagerando, me preguntarás?  No, en verdad. La Biblia nos habla de esta herencia de muerte que todo ser humano tiene desde su nacimiento.

Romanos 5:12 De consiguiente, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron.

Tú y yo somos hijos (descendientes) de Adán y Eva, y por lo tanto también nacimos muertos en nuestros pecados. Pero si ahora somos cristianos, quiere decir que en un momento pasamos de muerte a vida, es decir, tuvimos un “nuevo nacimiento” como Jesús le dijo a Nicodemo en Juan 3.2 ” …el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.“. Y hoy vemos el reino de Dios al comprender que Jesús murió por nuestros pecados, y hemos sido perdonados y reconciliados por Dios, nos hemos arrepentido y hemos puesto nuestra fe en el Hijo de Dios. ¡Antes de todo esto estábamos muertos! ¿Lo recuerdas?  Y él os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados (Efesios 2.1)

ESTADÍSTICAS ALARMANTES

Cada vez que veo matrimonios que se denominan cristianos, es alarmante ver que la gran mayoría de las veces no tienen a sus hijos adolescentes o jóvenes en el camino del Señor. Algunos hijos fuera de la iglesia totalmente, otros viniendo obligados y otros involucrados en las actividades de la iglesia, pero sin evidenciar una conversión genuina. ¿Qué está pasando en este tiempo nos preguntamos? Si bien, podemos escudarnos en la soberanía de Dios diciendo que la salvación de las almas dependen de Él (lo cual es correcto teológicamente), creo que en este tiempo hay un gran problema en la responsabilidad espiritual de los padres. Sabemos que no podemos “convertir a nuestros hijos” con nuestro esfuerzo, pero estadísticamente el testimonio personal y la influencia bíblica de los padres hacia los hijos es bastante pobre en nuestros días.

¡HOMBRE, ES TU RESPONSABILIDAD!

Eres el jefe de familia, no puedes mirar para otro lado. Deuteronomio 6.6-9 dice que tú eres responsable de la enseñanza bíblica de tus hijos, y en 1Corintios 14.35  se sobreentiende que también eres el líder espiritual de tu esposa. ¿Qué estás haciendo para instruir bíblicamente a tus hijos? ¿Has delegado esta tarea a la iglesia? ¿Haces un culto familiar donde tus hijos te rodean para recibir la Palabra de Dios? ¿Confrontas a tus hijos con el pecado, la necesidad de Cristo y su destino eterno? ¿Es la instrucción bíblica parte la vida cotidiana familiar?

¡MUJER, ERES SOLIDARIAMENTE RESPONSABLE!

Has engendrados hijos con muchos dolores de parto ¿no querrás esforzarte también a que ellos puedan nacer espiritualmente predicándoles la Palabra de Dios? Si tienes un marido ausente en el evangelio y el liderazgo espiritual te invito a que imites a la madre de Timoteo, que le dio la Palabra de niño por su cuenta (2 Timoteo 1.5 – 3.15). Y si tienes un marido  cristiano que necesita apoyo para liderar a sus hijos, ¡ayúdalo en nombre de Cristo! Es necesario que sea uno u otro el que se ponga firme en el Señor, pues sus hijos no pueden quedar a la deriva espiritualmente.

¡PADRES, REACCIONEN!

No se disculpen con que sus hijos tengan ideas vagas acerca de la Biblia o que repitan algunas historias o versículos de memoria. No traten de minimizar sus pecados, destacando otras virtudes. Deben asegurarse que sus hijos estén vivos espiritualmente, y esto no significa que alcanza con que alguna vez hayan hecho una oración, ¡hay que tomarles el pulso espiritual! A continuación, te doy algunas pautas para saber si tu hijo está vivo espiritualmente.

  1. ¿Tienen hambre de la Palabra? A un recién nacido no se le enseña a comer, sino que se le da de comer. Su hambre e instinto piden por leche desde su primer día. Si tu hijo/a no manifiestan hambre por las cosas espirituales, se aburren en los cultos, no leen la Biblia por cuenta propia o no atiende a la enseñanza familiar, posiblemente esté muerto espiritualmente.
  2. Las ovejas del Señor comen pasto, pero si tu hijo te pide “carne” quizá no sea una oveja, sino un león. Si ves que tiene tanta sed y hambre de mundo, de nada te servirá sermonearlo y encerrarlo en una caja de cristal. El problema es que si no tiene una nueva naturaleza en Cristo no le interesará la santidad de Dios ni las cosas espirituales, sino que irá como un león a devorar carne al mundo. Debes apuntar a su conversión, porque tarde o temprano, si no es un creyente genuino, se escapará de tu “ecosistema cristiano”.
  3. No te conformes con que tu hijo sea sólo moralmente correcto (ya que hay otras religiones en el mundo que tienen a sus hijos bajo regímenes más estrictos de lo tú podrías tenerlo). Asegúrate que entiende el problema de su pecado, la justicia de Dios, la justificación en Cristo. No te contentes con decir que no va a los bailes, o no fuma, toma alcohol o se droga, pues puede estar muerto en sus delitos y pecados como un moralista más. No solo los “sanos” los que van al cielo, sino aquellos que tienen la necesidad del Médico celestial (Marcos 2.17).
  4. ¿Hay evidencia de frutos cristianos en su vida? No tenemos que contentarnos con un simple brote verde, pues en la parábola del sembrador (Marcos 4) nos dice que también crecieron las semillas que cayeron entre las piedras y los espinos. La que cae en buena tierra es la que da fruto; y el primer fruto en un verdadero creyente es el arrepentimiento (comp. Mateo 3.8).
  5. ¿Hay rebeldía en su vida? Colosenses 3.6 nos dice que la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelión. La rebeldía, la deshonra a los padres, son síntomas del pecado. Son evidencias de un joven o adolescente que no se acuerda de su Creador en su juventud (Eclesiastés 12.1) Hoy los padres del mundo mandan a sus hijos rebeldes al sicólogo, y este le dice que es culpa de las circunstancias y el medio-ambiente. ¡No!, el problema debe ser llamado por su nombre, y dicho problema es el pecado que tiene raíces en su corazón. Y la cura para el pecado es el Evangelio de Cristo. Mateo 7:17  Así, todo buen árbol da buenos frutos; pero el árbol malo da malos frutos.

¿QUÉ HAGO SI TENGO HIJOS INCRÉDULOS?

Aquí van algunos consejos bíblicos:

  1. No hagas como el avestruz que mete la cabeza en la arena pensando que la iglesia o alguna otra persona se encargará de la vida espiritual de tu hijo. Lo primero que tiene que hacer es ponerte firme en el Señor. Pues el evangelio no consiste en palabras solamente, sino en poder de Dios (1 Corintios 4.20).
  2. Clama en oración por la vida de tu hijo. No te encojas de hombros pensando que ya oraste. Dios quiere que nos humillemos  y clamemos a diario por las almas de nuestros hijos, a la vez que le predicamos. Entra en dolores de parto, como lo hizo el apóstol Pablo por los gálatas (Gálatas 4.19), hasta que Cristo sea formado en tus hijos. Si no ves progreso, clama como el padre desesperado que trajo a su hijo al Señor: “-Ayuda mi incredulidad” (Marcos 9.24)
  3. Sé de ejemplo. Si tus hijos no te respetan será muy difícil evangelizarlos. Alguien dijo:  -“El respeto es como el dinero; puedes mendigarlo, puedes exigirlo a punta de pistola, o puedes ganártelo trabajando”. Quizá parte de la falta de respeto pasa por la rebeldía de tu hijo, pero piensa también si tu conducta cristiana es digna de un obrero que no tiene de qué avergonzarse (2 Timoteo 2.15). Padres inconstantes y débiles en el camino del Señor rara vez tienen hijos cristianos. En algunos casos, los  hijos incrédulos serán jueces en la falta de amor  y consagración a Dios de muchos padres.
  4. Deja en claro el peligro de su alma. El Evangelio no es una serie de buenos consejos para triunfar en la vida. El Evangelio nos enfrenta con nuestra separación de Dios y su ira por el pecador, pero también nos muestra el amor de Cristo que nos abre el camino de la reconciliación, el perdón y la vida eterna. Si tu hijo o hija son impíos, son como personas que están en un edificio en llama a punto de desplomarse. ¿Acaso alguien haría caso a la alerta de fuego con sonrientes ademanes y susurros en voz baja? Si tu mensaje no es urgente, tu hijo no tomará el peligro de su alma como algo inminente. Un día no lo tendrás más bajo tu techo, ¡este es el momento oportuno!
  5. Predica a tiempo y fuera de tiempo (2 Timoteo 4.2). Muchas veces la evangelización de los padres hacia los hijos es una especie de pacto de caballeros: -Yo ya le prediqué y él/ella sabe lo que tiene que hacer. El evangelio hace la vida incómoda a los pecadores, ¡entonces incomoda su vida todo lo que puedas con el evangelio! Pero ten cuidado, esto no es ir con tus argumentos y sermones moralistas, sino con el evangelio de salvación que es poder de Dios para todo el que cree (Romanos 1.16). El Espíritu Santo te dará poder para predicarles a tus hijos. Si ellos se salvan, Gloria a Dios; y si no hacen caso de Cristo y siguen camino a la destrucción, su condenación será justa.

Examina el estado de tus hijos con la Palabra de Dios, y que el Dios de la Palabra te dé paciencia, ¡nunca descanses hasta verlos de rodillas a los pies de Cristo!

Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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