¿CUÁL DEBERÍA SER EL TEMA CENTRAL DE UNA IGLESIA?

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 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. (1 Corintios 2:2)

El apóstol Pablo es bien claro a los de la iglesia en Corinto, su interés en ellos era que Cristo sea exaltado en medio de ellos. Su interés no radicaba tanto en cuestiones periféricas de los programas y actividades de la iglesia, sino que quería asegurarse si las cosas estaban en su centro. Quería asegurarse que “Cristo crucificado” sea el tema central de la iglesia en Corinto, su motivo de gloria y alabanza antes que los dones espirituales en los cuales se jactaban.
Quizá el interés de otros maestros en Corinto haya sido estimularlos en su iglecrecimiento, el desarrollo de su potencial como iglesia, o calibrando los cultos de adoración para ser culturalmente llamativos. Pero si a la iglesia le faltaba el mensaje de la cruz, a “Cristo crucificado” les faltaba todo. La iglesia podría crecer en pomposidad pero no en humillación, en número pero no en convertidos. El propósito humano trata siempre de manejar la iglesia de Dios con las herramientas de marketing de una empresa del mundo, pero un siervo de Dios verdadero, como Pablo, no podría proponerse otra cosa que traer al centro de la iglesia al “Cristo crucificado”.

“Cristo crucificado” tendría que ser el tema central de toda iglesia que quiera denominarse evangélica. En el mundo evangélico de hoy Cristo es presentado de diversas formas: como el sanador de enfermedades, el proveedor de panes y peces, y el hacedor de milagros. ¿Por qué las iglesias son reticentes a predicar de Cristo crucificado? Porque al hablar del escenario del calvario hay que hablar de nuestros pecados. Hablar de “Cristo crucificado” es enfrentar al pecador con sus propia maldad, es enfrentarlos a la ira de Dios sobre el pecado, pero también es enfrentarlo a la gracia y el perdón que ofrece el sacrificio sustituto de Cristo en la cruz del calvario.

Mucha gente busca iglesias donde el Cristo que ofrezcan no sea el crucificado. Otras tantas iglesias ofrecen un Cristo fuera de la cruz. De esta forma se da la combinación perfecta para enviar falsos convertidos al infierno.

Que Dios levante iglesias en América Latina y en Argentina cuyo punto de interés y propósito sea predicar a “Cristo crucificado” y Dios acercará a esas iglesias aquellas personas por las cuales Cristo murió de antes de la fundación del mundo. De esta manera el interés será mutuo, las ovejas del Señor tendrán hambre por saber más de Cristo, y la iglesia tendrá la verdadera pasión de predicar a este Cristo crucificado que también ha resucitado con poder.

Cuando Cristo es suficiente para una iglesia esta no tiene necesidad de recurrir al entretenimiento. Si Cristo está en el centro es un imán poderoso para atraer por su mismo a las almas. Oremos para que las iglesias latinas encuentren nuevamente su centralidad en la cruz.

 Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:2)

Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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