Cesacionistas, continuacionistas y… ¿soberanistas?

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Como pastor que sostiene en su iglesia la confesión bautista de Londres 1689, diría “soy cesacionista”. Pues la confesión es clara en su capítulo I, inciso I

…le agradó (a Dios) poner por escrito esa revelación en su totalidad, lo cual hace a las Santas Escrituras muy necesarias, habiendo cesado ya las maneras anteriores por las cuales Dios revelaba su voluntad a su pueblo (He. 1:1,2a; Hch. 1:21,22; 1 Co. 9:1; 15:7,8; Ef. 2:20).

El término “cesacionista”, es un término acuñado o popularizado más que nada en el nuevo despertar de la teología reformada, para diferenciarse de otra corriente llamada “continuismo” (también dentro de la nueva Reforma). Es decir, el primero cree que ciertos dones como “profecía, lenguas y milagros” fueron para la iglesia del primer siglo, mientras que los segundos dicen que esos dones pueden estar vigentes para hoy, si Dios los manifiesta. Ahora esta explicación reduccionista, según mi opinión, hace que hermanos de una sana soteriología calvinista se enfrenten en debates sin sentido, (se lo puede ver  muchas veces en las redes sociales). Otras veces, sin ánimo de debatir las posturas, a la hora de una conversación “de café”, uno saca su credencial de “cesacionista” y otro de “continuista” y, si las personas tienen un buen sentido de humildad cristiana, el tema no pasa a mayores en una discusión acalorada, y es más, pueden hacerse hasta ciertas bromas. Pero digamos la verdad: el café sabría más rico si el “cesacionista” escucharía a la otra persona decir: “soy cesacionista”  así como el “continuista”  le agradaría escuchar al otro decir  “soy continuista“, en cuyo caso hasta compartiría parte de  su”croissant” (“medialuna” para los argentinos) con su amigo del otro lado de la mesa.

¡Bueno así somos las personas!, el café y el croissant pueden ser excelentes, pero nuestros prejuicios y posiciones tomadas, muchas veces opacan la buena amistad en Cristo que uno puede tener con otro hermano. ¿Cuáles son los temores de los “cesacionistas” y cuáles el de los “continuistas”? (hablando dentro de la teología reformada, entiéndase bien, no estamos hablando del “carismatismo” al decir “continuistas”).

Temor cesacionista: El temor es que los “continuistas” podrían abrir la puerta al desorden carismático que hemos sufrido casi un siglo (me refiero al siglo XX) y que las reuniones sean una confusión de lenguas, y el pastor desde la plataforma lance a la congregación una “nueva profecía”, y cosas por el estilo.

Temor continuacionista: Que al ser “cesacionista” se le quite todo lo sobrenatural a la obra de Dios, y todo pase a ser una doctrina fría y muerta sin poder del Espíritu Santo. Como quien dice, con todo respeto, miedo a “atarle las manos a Dios”.

Desde estos puntos de vista enunciados yo diría que comparto plenamente ambos. Rechazo de plano lo que es el desorden carismático, el engaño de las nuevas profecías, y la “glosolalia”. Pero por otra parte no quiero una religión muerta, solamente de libros y dogmas, sino una iglesia viva en el poder de Dios, pero sujeta a su Santa Palabra.  Vemos en la actualidad iglesias “cesacionistas” predicando las “doctrinas de la gracia” con gran poder del Espíritu. Como también vemos iglesias “continuistas” predicando lo mismo con gran poder del Espíritu (y sus reuniones son ordenadas, y no ves ni lenguas ni nuevas profecías, ni nada que se parezca al pentecostalismo).

Si examino mi propia vida, y las experiencias que Dios me permitió pasar yo diría que soy “un continuista del poder de Dios”, aunque “cesacionista en los papeles”. A los 30 años estuve en terapia intensiva, al borde la muerte, mis dos pulmones infartaron por un trombo-embolismo, y a mis esposa los médicos le dijeron: “Tu esposo no pasa la noche”. No puedo extenderme ahora en contar mi testimonio,  lo que fue mi experiencia con el Señor “esa madrugada de muerte”, pero el Señor me hizo entender su sanidad instantánea, me la dio. Ya la mañana, luego de días sin comer, ya estaba desayunado, respirando bien, sin fiebre ni taquicardia, y con los doctores mirándome con la boca abierta, (a los cuales muchos de ellos , puede hablar de Cristo). Mi esposa cuando vino al mediodía, y me veía almorzar en mi cama, me preguntó asombrada con lágrimas ¿Qué pasó? Mi única respuesta fue: ¡El poder de Dios, y nada más que Su poder…. me levantó!

En otra ocasión, visité una persona de un barrio muy pobre, un hombre que me pidió ayuda (porque sabía que era pastor), y su gran carga era que la esposa lo había abandonado y se había llevado a sus tres hijos. A todo esto en su precaria casa, me contó pecados terribles que se habían cometido bajo ese mismo techo, desde incestos hasta la violencia más atróz. No se como describirlo, pero el aire era tan espeso que se podía cortar con un cuchillo. Este hombre y toda su familia era presa sin duda de satanás, mucho más por ciertas prácticas ocultistas que confesó que hizo. A todo esto lo iba guiando con mi Biblia en las verdaders del evangelio, pensando “este hombre tiene que entender el evangelio para que Dios lo liberte”. A todo esto, el hombre parecía no escuchar mis palabras, solo pensaba en sus tres hijos que los extrañaba, y parece que no había otro sentimiento más en su cabeza. En un momento le dije, (y yo sé que era el Señor guiándome, pero en eso momento no lo sabía): “Veo que casi nos escuchas mis palabras, pero Dios te va a demostrar que volverás a ver a tus hijos pronto“. El me dijo: “Imposible, ella (su ex-esposa) se los llevó y prometió no volver más. Yo le volví a decir: Los volverás a ver, pero tienes que creer al evangelio, lo que está en juego es tu propia alma delante de Dios. Oré con ese hombre pidiendo a Dios que le muestre la condición de su alma, mas allá de que extrañaba a sus hijos. Cuando terminé la oración, golpearon a su puerta: ¡Era la ex-esposa con sus tres hijos!  Ella dijo algo así como: “No sé por qué vine, no tenía ganas, pero ellos (los niños) querían verte”. Ver a este hombre de rodillas abrazando a sus hijos, es algo que no podré borrar de mi mente. Luego que pasó todo me pregunté ¿Por qué dije lo que dije? Puede sacar en conclusión que fue la mano de Dios en ese momento. Yo sé que desde el punto de vista “cesacionista” uno diría “eso fue la guía del Señor”  pero otro desde el lado “continuacionista” alguien diria eso fue una profecía que Dios cumplió (¡entiéndase no una profecía a nivel Escritural!). Pero como reformado yo diría: ¡Fue la soberanía de Dios! ¡La gloria a Él!

No sé hermanos, quizá pueda haber un punto de entendimiento entre el cesacionismo moderado y el continuismo moderado. Por un lado sabemos que históricamente la iglesia del Señor no ha tenido el don de lenguas como en la iglesia primitiva, ni que los milagros apostólicos sean hecho por los siervos de Dios que le sucedieron, ni que pueda haber nuevas profecías, pues la Palabra de Dios es la revelación final y suficiente para la iglesia. Por otro lado, no podemos negar muchos hechos milagrosos que Dios hizo en las edades. De hecho las historias de las “misiones” están llena de esos hechos, basta con leer las biografías de los misioneros del siglo XIX y principio del XX, para percatarse del poder de Dios interviniendo en la vida de su pueblo.

Concluyendo:
Por medio de un visión histórica de la iglesia y el entendimiento del contexto de la iglesia primitiva, puedo decir que soy “cesacionista”, ya que los hechos sucedidos en la era apostólica (iglesia primitiva) fueron singulares, y no se volvieron a repetir de la misma manera, de una manera continua. Pero por otro lado veo el poder de Dios moviéndose en la historia, y aun hoy, y puedo decir que soy un “continuacionista del poder de Dios”. Yo me inclino más a pensar que el punto de encuentro en esto es LA SOBERANÍA DE DIOS.

No quiero acuñar un término nuevo como que mi posición respecto a los dones es “SOBERANISTA”, pero no encuentro otra palabra. La doctrina calvinista cree en la “Soberanía de Dios en la salvación del hombre”, no creo que sea ningún impedimento creer en la “Soberanía de Dios en la vida de su iglesia”. De hecho, creo que todos los reformados afirmamos eso, pero sucede que nuestro “lente” con el cual miramos esto, son de diferentes colores, aunque se trata de la misma imagen.

Sé que en algún momento algunos podrán desviarse a un “cesacionismo” muerto, como a un “continuacionismo”  anti-escritural. Pero mientras nos aferremos a la Palabra de Dios, confiemos en el poder de su Espíritu, y nos atengamos a su soberanía, será nuestra prevención del error, así como nuestra fuente de fortaleza.

Alguno preguntará
¿Crees en las nuevas profecías?  Mi respuesta es no: La Escritura es suficiente.
¿Crees en los hechos milagrosos? Las respuesta es sí: Dios obra como quiere.¿Crees en las lenguas? Si Dios le diera a alguien este don temporalmente, podría, pero: no conozco casos que se asemejen a la historia de la era apostólica.  Veo que los misioneros y traductores bíblicos todavía tienen que seguir estudiando gramática.
¿Crees en los apóstoles modernos? No, el último apóstol fue Pablo.
¿Crees en la soberanía de Dios? Sin lugar a dudas. Esa es la pregunta que más me gusta escuchar.

 

1Corintios 12:11 Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere.

Daniel 4:35 Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?

 

 

Alejandro David Riff

Pastor de la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario, Argentina. (Confesión de Fe Bautista Reformada de 1689). Representante hispano de Sociedad Bíblica Trinitaria. Profesor de Bibliología en seminarios.

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